martes, 25 de febrero de 2020

33. UNA DE TANTAS DISCUSIONES

De todos eran conocidas las discusiones entre Shikamaru y Akane. Solían comenzar con cualquier tontería, por lo general la poca actividad de Shikamaru que solía hacer hervir la sangre de Akane. Daba igual, no eran cosas importantes y todos estaban acostumbrados a verlos así, Akane lanzándole miradas asesinas y cualquier cosa que encontrase a mano y Shikamaru capeando el temporal con su habitual tranquilidad. Pero aquel día todo iba a salirse de la rutina.
Todo empezó a primera hora de la mañana. Shikamaru aprovechaba esos minutos previos a la llegada del profesor para dormitar apoyando la cabeza en sus brazos, recostado sobre la mesa. Akane entró como una exhalación y se colocó delante de Shikamaru, dando un golpe seco apoyó las palmas de las manos en la mesa haciendo que el chico se sobresaltara. Lentamente, como casi todo lo que hacía Shikamaru, fue levantando la mirada y desperezándose, miró los ojos de Akane brillando de rabia, se incorporó del todo, cruzó sus brazos y esperó a que estallara.
¿Sabes lo que he oído en los pasillos? —Akane seguía apoyada en la mesa, le miraba fijamente y su tono de voz no era demasiado alegre.
Shikamaru esbozó una leve sonrisa, Akane había recogido su pelo en una coleta, dejando su cuello al descubierto, a Shikamaru le hacía gracia porque podía ver aquella vena que se le hinchaba cuando se enfadaba.
¿Lo has oído? —repitió.
¿El qué? —preguntó con desgana.
Dicen que tú y yo nos hemos enrollado ¿Por qué dicen que nos hemos enrollado?
Mendokusei, no es la primera vez que dicen algo así, será que nos han visto, pasamos mucho tiempo juntos con lo de la función.
A mi no me hace gracia.
Ni a mi, pero ya sabes lo que dicen: a palabras necias, oídos sordos.
Tus novietas me miran mal y dicen cosas desagradables.
Mira que eres problemática ¿Que quieres que haga yo? Solo es un rumor, ya pasará y no resoples, pareces un buey.
¡Pero que manía te estoy tomando!
Akane no parecía dispuesta a marcharse así por las buenas, para ella debía ser una tragedia sin límites eso de que la emparejaran con él. Shikamaru cerró los ojos, sentía la amenaza de otra gran amiga suya: la migraña. Se llevó los dedos índice y pulgar al puente de la nariz y se presionó fuertemente. Al abrir de nuevo los ojos lo primero que vio fue el escote de Akane, vaya, se notaba que llegaba el buen tiempo y las chicas empezaban a desabrocharse botones. Guio su vista de nuevo hasta el cuello de su compañera.
No te enfades tanto por una tontería así ¿Por qué lo haces todo tan difícil?
¿Se puede saber por qué le hablas a mis pechos?
Son más agradables que tu cara enfada y además se te ha desabrochado un botón.
Y tu te creerás muy gracioso, ciervo pervertido.
Si me las pones delante tengo que verlas aunque no quiera. Por cierto, lo que te estaba mirando era el cuello.
¿Tengo algo en el cuello?
Es muy sensual, no me extraña que Sasuke te lo mordiese. No sé si me entran ganas de besarlo o de estrangularte.
¿Sabes que se te da genial eso de fastidiarme?
Si, me estoy especializando.
¡Vete a la…!
Cuida tu boquita, calabacita.
Akane se fue hacia su asiento bastante molesta.
Así las cosas, el mal humor de Akane fue en aumento al igual que el dolor de cabeza de Shikamaru.
En la hora de educación física, Shikamaru y Akane fueron a la biblioteca y allí comenzaron de nuevo una discusión. El reparto de los principales personajes protagonistas de la obra era todo un escollo que no les permitía avanzar. 
Shikamaru argumentaba que, para conseguir atraer al mayor número posible de espectadores, había que poner a personas populares en papeles importantes pero Akane estaba más por la labor de dar protagonismo a quien demostrara más talento, fuera popular o no.
Para la hora de la comida, Shikamaru podía decir, sin lugar a dudas, que sentía que la cabeza le iba a estallar. Decidió quedarse en el aula a comer, no soportaba la luz del sol y también se quedaron Sai, Chouji y el grupo ya habitual de chicas: Akane, Ryuko, Jisei y Sumire.
La conversación terminó girando en torno a la obra de teatro que Shikamaru y Akane habían decidido que representarían. Y de nuevo se reanudó la discusión entre ambos, para los dos aquello era una cuestión de orgullo. Shikamaru no quería que siempre terminase por hacer lo que las mujeres quisiesen y aunque era muy molesto discutir, tampoco iba a dejar que Akane se saliese con la suya. Y Akane no podía permitir que aquel gandul, que nunca tenía interés por nada, ahora, precisamente ahora, se pusiese tan gallito.
Shikamaru se levantó de golpe.
¿Dónde vas? —preguntó Sumire.
A la enfermería, a ver si me dan algo para este dolor de cabeza, me está matando.
Cuando Shikamaru volvió al aula se encontró con que no había nadie. Pues mejor, quizás la soledad le ayudase a calmar esa maldita migraña. 
En cuanto Shizune le vio entrar en la enfermería supo lo que le ocurría, no era la primera vez que le pasaba, solo le preguntó cuanto tiempo llevaba con ese dolor y le recriminó no acudir antes. Shikamaru sufría migrañas de vez en cuando, con más frecuencia de las que deseaba, era una herencia de familia, su padre solía decir que era la forma en que la naturaleza equilibraba el mundo, era el pago que tenía que soportar por tener un I.Q. superior a la media.
Pero los dolores de cabeza le ponían de muy mal humor. Shikamaru era un chico que pocas veces discutía con nadie, simplemente discutir era demasiado trabajo. La única persona con la que se le solía ver enfrascado en alguna discusión era Akane y por lo general era a ella a la que se la veía enfadada, casi podía decirse que en realidad le gustaba discutir con ella. Por lo general a Shikamaru le daba igual que los demás se empeñasen en tener la razón pero con Akane no podía evitar discutir, le encantaría oír a esa condenada cabezota decir, aunque solo fuera por una vez, que él tenía razón.
De vuelta al aula, Chouji no necesitó más que echar un vistazo a Shikamaru para comprender lo que le pasaba. También era conocido por todos como le cambiaba el carácter cuando sufría alguna migraña. En esos momentos, el Shikamaru tranquilo que todos conocían solía convertirse en una persona bastante borde y malhumorado. Con el ceño fruncido y los ojos sin poder abrirlos del todo por el dolor, evitaba cualquier conversación y era mejor no dirigirle la palabra, si lo hacías te arriesgabas o bien a que no te contestase o que lo hiciese soltando algún tipo de sarcasmo en el mejor de los casos, en el peor, olvidaba las delicadezas.
Algo le decía a Jisei que allí se iba a producir una tormenta, lo estaba viendo, las auras de ninguno de los dos presagiaban nada bueno.
La profesora de Literatura, Kurenai, entró en el aula. Después de los habituales saludos, la profesora comenzó con su clase.
Hoy vamos a tratar un nuevo genero literario: el romanticismo.
Suena muy…. —Comenzó a decir Ino.
¿Romántico? —agregó burlona Temari.
Si, muy romántico —dijo Kurenai—. ¿Alguien sabe decir que es el romanticismo exactamente?
Nadie contestó, aunque se produjeron ciertos murmullos.
Estoy hablando de una forma de vida, de unos ideales. Tu mismo, Shikamaru ¿Qué sabes del romanticismo?
Shikamaru la miró con verdadera desgana.
El Romanticismo, vale —habló después de dar un largo suspiro de resignación—. Fue un movimiento que surgió en toda Europa durante la primera mitad del siglo XIX, creo.
No era a lo que me refería, pero tienes razón ¿Te interesa el romanticismo?
Lord Byron, Goethe, Bécquer, Víctor Hugo, Walter Scott, son algunos de sus representantes. Me gustan sus obras.
¿Tú lees? — preguntó Kiba,
¿Algún problema?
Entonces —Continuó la profesora ignorando el último comentario—, sabrás que caracteriza al romanticismo ¿no?
Los románticos se caracterizan por ser todos unos "emos", unos moñas. Vivían siempre insatisfechos ante la vida y la sociedad, eran tristes, tenían una tristeza que no tenía explicación, sin motivo, deseaban algo distinto sin saber exactamente que es lo que querían.
¿Y cómo sabes tanto? —preguntó esta vez Sumire.
Yo no sé nada, es lo que he leído.
Pero lo has explicado bastante bien —Prosiguió Kurenai—. Los románticos no solo eran soñadores y ausentes que suspiraban y carecían de fuerzas para cualquier cosa. No. El corazón del romántico estaba lleno de ideales.
Kurenai siguió hablando sobre los románticos, sobre sus ideales de libertad, justicia, lo incomprendidos que se sentían, lo decepcionados por el mundo, que eran intrépidos y amantes de empresas desmesuradas, pesimistas, pálidos, con aire melancólico pero también unos hombres llenos de atractivo y misterio, orgullosos e indómitos.
Todo esto dio comienzo a un entretenido coloquio sobre los románticos hoy en día y sobre el amor.
Shikamaru —dijo la profesora—. Si has leído a Bécquer ¿podrías decir cual es el tema principal de su poesía?
Celos, traición e indiferencia de su amada.
¿Qué opináis vosotros del amor?
El amor es algo maravilloso que te hace sentir viva —contestó Sakura—, aunque a veces te duela.
Es un dulce dolor —añadió Ino—. Es lo que te da fuerzas para enfrentarte a todo.
¡Vaya montón de mierda! —Soltó de pronto Akane y todas las miradas se dirigieron a ella—. ¿He dicho mi pensamiento en voz alta? Lo siento, no me he dado cuenta.
A ver Akane —habló Kurenai—, eso que has dicho es muy interesante.
Ha sido sin querer, se me ha escapado, lo que quería decir es que el amor esta sobrevalorado.
Ponte en pie y ven aquí, a mi lado —Kurenai se apoyó en la mesa del profesor, Akane se acercó—. A ver, silencio, ella tiene su opinión, tiene derecho a dar su opinión ¿Tú no crees en el amor?
Pues no, no al menos a nuestra edad.
¿Crees que el amor tiene que tener edad?
Lo que creo es que aún somos muy jóvenes e inmaduros. El amor tiene que ser algo profundo que solo puede nacer desde el conocimiento de uno mismo.
Muy interesante ¿Alguien más está en contra del amor?… ¿no? Lo siento, Akane, estás sola en tu postura ¿Por qué crees que no piensan como tú?
Porque el enamoramiento es un festival de hormonas que se produce dentro de nosotros, un montón de reacciones químicas en nuestro cerebro y no lo digo yo, lo dicen científicos. A nuestra edad nos gusta un chico y creemos estar enamorados pero es solo el efecto de nuestros sobre estimulados sentidos, el amor tiene que ser algo más, algo… no se como explicarme…
Tu teoría es curiosa y no creas, no te falta razón ¿Pero sabes lo que le falla? El sentimiento, la chispa, la emoción, pasión… estar enamorada.
Es normal, no estoy enamorada.
En esos momentos eres como un bicho raro ¿Eres consciente?
Si, pero es que no creo en el amor.
¿Tenéis algo que decirle? Ahora mismo vosotros representáis a los románticos, con vuestros ideales y vuestras ensoñaciones y ella a los realistas, los pragmáticos… intentad convencerla.
Yo quiero hacerle una pregunta —intervino Sasuke—. ¿Qué te hizo pensar así?
Es una buena pregunta ¿Por qué piensas así?
¿Cómo que por qué? Porque es lo que creo.
No —habló Sasuke—. Has llegado a esa conclusión por algún motivo ¿Alguien te hizo daño?
¿Te refieres a si he tenido una mala experiencia?
Si, la ilusión es algo latente en nosotros, ahora estamos empezando a conocer la amor y esas nuevas sensaciones, sin embargo tú las niegas ¿Qué te ha hecho daño?
¿Quieres saber si algún hecho me ha vuelto así?
No. Se que algún hecho te ha vuelto así, lo que quiero saber es qué te hizo tanto daño.
A lo mejor —Interrumpió Shikamaru con tono sarcástico—, lo que pasa es que simplemente no tiene corazón.
Eso es asunto mío.
Quizás si nos lo dijeras —habló Sakura—, podríamos comprenderlo y quizás convencerte de lo contrario.
¿Crees que el amor siempre hace daño? —preguntó curioso Sai.
No es eso, lo que creo es que a nuestra edad no sabemos lo que es el amor y nos hacemos daño nosotros mismos, nos ilusionamos y luego pasa lo que pasa ¿Puedo ir ya a mi asiento?
¿Tú sabes lo que es la ilusión? —Volvió a interrumpir Shikamaru con su voz sarcástica aunque esta vez también algo amarga—. ¿Tú sabes lo que es poner tu ilusión en una relación y que de un bofetón te la arrebaten?
Yo se lo que es confiar en una persona y de pronto descubrir que te ha estado mintiendo —repuso Akane mirando ferozmente a Shikamaru.
Pero muchos hemos tenido desilusiones —opinó Naruto.
Ya, pues yo no lo llevé muy bien ¿sabes? Yo estaba muy ilusionada y me dolió mucho, por eso no quiero volver a ilusionarme hasta que no tenga madurez como para soportar otra traición.
¿Crees que te van a volver a traicionar? —Interrogó ahora Gaara.
Ya no me fío de nadie, ahora mismo no puedo creer en palabras bonitas.
¿Qué hiciste Shino? —Gritó Naruto.
Shino no contestó, se limitó a girarse hacia Naruto.
Shino no fue, no saques conclusiones antes de tiempo.
Perdona, es que tampoco se te ha visto con muchos chicos.
No importa quien fue, era un chico, un chico normal, no tenía nada de especial.
Entonces ¿estuviste enamorada? —preguntó Sakura.
Eso es parte de mi vida privada.
¿Te da miedo responder? —De nuevo habló Shikamaru con tono burlón.
¡Qué sabrás tú! Si, estaba enamorada —El tono de voz de Akane subió considerablemente—. como una verdadera imbécil. En mi vida he sido tan débil y vulnerable, confiaba en él, tenía mucha ilusión, creía en nuestra relación y en la primera ocasión que tuvo ni siquiera dudó en traicionarme, en tirar mis ilusiones por el suelo y pisotearlas.
¿Y por casualidad le has dejado explicarse? —replicó Shikamaru—. A lo mejor tenía una excusa y tú no le dejaste hablar, que es lo que haces siempre, encabezonarte en tus cosas y no querer escuchar, habría que saber cual es su versión.
¿Su versión? ¿Su excusa? ¿Quieres saber cual era su excusa? Que era imbécil, un niñato imbécil, un crío al que yo no le interesaba, lo único que le importaban eran sus hormonas. Me gustaba, me gustaba mucho y no me preguntéis que me gustaba porque no lo sé, solo sé que le creí, que confiaba en él. Llevábamos… llevábamos casi un mes viéndonos y compartiendo sueños y esperanzas en secreto, mis sueños y mis esperanzas, casi un mes en el que me dejé engañar y cuando decidimos compartir eso que teníamos con todo el mundo, en ese momento, me dejó por otra chica, mayor, más guapa e interesante ¿Cuál crees que fue su excusa?
¿Esa fue la excusa que te dio? —Intervino Sasuke—. ¿Qué le gustaba otra chica?
No. Si me hubiera dicho: "Akane, es mejor que no lo intentemos, lo nuestro no va a funcionar porque me gustan otras chicas" yo se lo hubiera agradecido, me habría dolido pero al final lo habría comprendido. Él no, él siguió adelante como si nada. Unos días antes de la que iba a ser nuestra primera cita "formal" una chica le pidió salir y como él es imbécil, no se atrevió a decirle que ya salía con otra, no querría ofenderla claro, o no querría perderse esa oportunidad; el muy listillo quedó con ella el mismo día que conmigo, también podía haber anulado nuestra cita, pero no, lo único que hizo fue retrasarla, ya veis que listo, primero veía a una y luego a la otra, todo un caballero.
Sigo diciendo —habló Shikamaru—, ¿le diste una oportunidad de defenderse o le condenaste directamente como haces siempre? Si no anuló vuestra cita seguramente sería porque quería salir contigo.
Si claro, después de estar con la otra ¡Que bonito! A eso se le llaman cuernos, Shikamaru, eso es traicionar la confianza.
Que el chico fue algo imbécil es innegable —dijo Temari—, pero quizás no supo como negarse, hay chicos demasiado considerados, quizás la culpa no fue suya del todo, habría que ver también que pasó con esa chica.
No, claro que si fue suya. Yo a la chica no le recrimino nada, ella no lo sabía, así que no hacía nada malo en pedirle una cita. La culpa fue de él, él tenía que haber elegido pero prefirió ofendernos a las dos.
Perdona que te pregunte esto ¿pero cómo lo supiste?
Eso fue lo peor. Supe que había quedado con ella unos cuantos días antes y esperé, esperé a que me dijera algo, incluso le dije que si no estaba seguro pues no salíamos, que no pasaba nada, que comprendía que se sintiese asustado o que quizás tenía otros planes. Esperé aferrándome a una estúpida esperanza, hasta que… Ya veis, eso es el amor a nuestra edad, me avergüenzo de haber sido tan vulnerable, así que ahora pienso que el amor es un asco y no voy a volver a sentirme vulnerable frente a un imbécil ¿Qué queréis? Pienso que a nuestra edad lo único que hacemos es dejarnos llevar por nuestros impulsos, jugamos a ser mayores pero somos unos críos.
Mira que eres problemática, no eres la única a la que han traicionado, no creas que eres tan especial. A muchos nos han hecho daño, a mí me han hecho daño, yo también estuve enamorado, yo también fue débil y vulnerable, yo también tenía ilusiones y esperanzas —Shikamaru miraba directo a los ojos de Akane—. ¡No sabes como me entregué a esa relación! ¿Y que obtuve? Desconfianza. Vale, puede que yo cometiera un error, era un crío, pero no se me dio la oportunidad de justificarme, ni siquiera de pedir perdón ¿Sabes lo que pasó? Acudí a buscarla, estaba deseando verla y decirle que había descubierto lo que sentía en mi corazón, pero ella no estaba, la busqué como un desesperado ¿Y dónde la encontré? En nuestro lugar favorito y abrazando a otro chico. No me hables de cuernos que yo los viví, los vi con mis propios ojos ¿Sabes lo que sentí?
¿Y tú le pediste explicaciones a ella? Seguro que también la condenaste sin querer ni oírla.
Ella no quiso hablarme. Si me hubiese dicho algo yo la habría escuchado, hubiese creído cualquier cosa que me dijese porque yo creía en ella, estaba loco por ella.
Eso es lo que dices ahora ¡habría que haberte visto en ese momento!
La escena podía calificarse de violenta, violenta para el resto de la clase que los observaban sin atreverse a decir ni una palabra. Ambos se miraban a los ojos casi sin parpadear. El aire parecía haberse helado a su alrededor.
Las mujeres sois todas iguales, caprichosas y orgullosas, pensáis que sois las únicas capaces de ilusionarse y encima sois rencorosas, no sois capaces de perdonar y olvidar. Yo también podría estar ahora en contra del amor pero no lo estoy, daré al amor una nueva oportunidad.
No, no somos capaces de olvidar ¿Y sabes por qué? Quiero recordar cada sentimiento que tuve, quiero recordar el dolor que sentí, así, si me vuelvo a enamorar lo recordaré y pondré freno, no volverá a pasarme.
Akane se giró y se dirigió a la puerta.
¿Adónde vas? —preguntó la profesora.
Al pasillo, supongo que después de esto estaré castigada.
Y abandonó la clase. 
Kurenai miró a Shikamaru, más serio de lo habitual, con la vista fija en el suelo. No estaba enfadada con ellos, solo molesta porque siempre terminaban creando un ambiente rancio en la clase.
Sal también tú, Nara y procurad no seguir discutiendo.
Shikamaru se dirigió a la puerta y salió.
Bueno —habló Kurenai—, después de esta experiencia tan intensa ¿Habéis sacado alguna conclusión?
Que Shikamaru y Akane nunca se pondrán nunca de acuerdo —comentó Kankuro.
Si uno dice blanco el otro dirá negro —Se quejó Kiba.
Son dos formas de reaccionar ante una traición ¿no? —contestó Sakura—. Se puede aceptar y tratar de seguir viviendo o dejar que te condicione demasiado.
Las traiciones es lo peor que hay —afirmó Neji—. Pones tu confianza en alguien y te falla haciéndote daño, a veces son difíciles de perdonar.
Supongo que muchos de vosotros también de alguna manera, alguna vez, os habéis sentido traicionados o al menos desilusionados ¿no? Bien, tratar de recordar ese sentimiento, nos ayudará a comprender el tema que estamos tratando.
No era la primera vez que Akane tenía un cambio de opinión con Shikamaru delante de toda la clase, era algo bastante habitual, lo que no era tan habitual era ver a Shikamaru tan molesto. Pero la mayoría de la clase no le dio más importancia, salvo para sus amigos más íntimos, el resto pareció olvidarlo rápidamente.
Akane miró a Shikamaru con desdén cuando le vio salir del aula y colocarse a su lado.
¿Qué haces?
Esto es muy problemático pero también estoy castigado ¿Siempre tenemos que montar estos espectáculos?
Ah, no sé, tu sabrás, eres tú el que se ha picado.
Eres tú la que ha empezado.
Hablaban en voz baja, se suponía que estaban castigados. Guardaron unos incómodos minutos de silencio.
¿Por qué no me dijiste que sabías lo de Temari?
¿Yo? ¿Tenía que decírtelo yo?
Yo no quería hacerte daño.
No, solo querías pasártelo bien con las dos ¿no?
Yo no pretendía… yo… es inútil, no quieres entenderlo.
Si no hay nada que entender, una chica estupenda te pide una cita ¿Cómo te vas a negar? No, no hables, no quiero oír tus absurdas explicaciones.
¿Y crees que para mí fue fácil verte con Shino? ¿Qué le tenías? ¿En el banquillo esperando a que yo fallara para sacarle al partido?
Eres un mezquino.
Mendokusei, recuerda que yo aquel día tuve dos traiciones, la tuya y la de un amigo ¿sabes lo que yo sentí? ¿Por qué no me lo dijiste?
¿Qué querías? Que te dijera "se que has quedado con Temari". Se supone que tenías que haberte negado a su cita, la mía era anterior o al menos haber anulado la nuestra, ya que te importaba menos.
El gesto furioso de Akane se trasformó momentáneamente en uno de amargura y Shikamaru sintió una profunda tristeza,
Te lo hubiera explicado, las cosas no fueron como parecen.
Mira que te calles, que no te quiero oír, no quiero tus patéticas excusas, además, el daño ya está hecho y se acabó, el pasado es el pasado.
Ahhhhh… podías dejarlo en el pasado, pero no, tú no, tu no lo olvidarás nunca.
¡Que no te quiero oír! ¡Que me dejes! Además ¿De qué te quejas? Yo no te importo, te da igual lo que yo piense, nunca te he importado.
Shikamaru quiso contestarla pero era consciente de que hablar con ella y tratar de razonar era inútil. Se separó, fue a situarse al otro lado de la puerta.
No volvieron a dirigirse la palabra, un gran silencio les aprisionó. Shikamaru sentía como decenas de palabras se agolpaban en su garganta atragantándole. Necesitaba fumar. Daba igual que pasara algún profesor, sacó un paquete de cigarrillos de uno de sus bolsillos. 
Akane le miraba con desprecio, mira que le asqueaba aquel maldito vicio ¿Cómo podía ponerse a fumar tan tranquilo? Pero lo que peor llevaba Akane era haber confesado en público que una vez los sentimientos le hicieron vulnerable, maldita sea ¡qué bocazas había sido! Shikamaru se había dado cuenta de todo, era como reconocer que había sido débil frente a él. Ahora no quería ni recordar lo que había dicho, había hablado sin pensar, llevaba por la rabia y  seguro que aquel vago sentía su ego hinchado ¡Qué rabia le daba!
Desde que sucedieron aquellos acontecimientos, nunca, nunca había hablado con él de ese tema, no quería oír nada de sus labios, no quería darle explicaciones de nada, solo quería actuar como si nunca hubiese sucedido nada, ella decidió que no le daría la satisfacción de verla llorando, ni de reconocer el daño que le había hecho, para ella entre los dos no había pasado nada.
Shikamaru sentía una extraña sensación ambigua dentro de él. Por un lado estaba realmente molesto ¿Por qué demonios era tan rencorosa? ¿Por qué se negaba a hablar del tema? ¿Por qué no podía reconocer lo que una vez tuvieron? Akane era realmente desesperante, no la comprendía, ni quería hacerlo, era irracional, se suponía que las cosas se solucionan hablando y que a las mujeres les gustaba hablarlo todo ¿Por qué era tan imposible hablar con ella? Por otro lado, sentía una gran amargura, podía comprenderla, podía comprender el dolor que debió sentir y sabía que lo había causado él, se sentía mal consigo mismo. 
Quería consolarla, había algo en sus ojos que le dañaba, ya no estaban ni alegres, ni enfadados, ni furiosos, no soportaba verla así, hubiese pasado entre ellos lo que hubiese pasado, ante todo era su amiga, quería acercarse a consolarla, era un impulso que salía de algún punto de su cuerpo, deseaba decirle que siempre estaba allí para lo que necesitase… ¡Dios que problemático era todo!


32. AMIGOS, MENOS AMIGOS Y RIVALES


El miércoles comenzó como cualquier día, todo seguía su rutina habitual. 
Naruto y Kiba revoloteaban nerviosos alrededor de Sasuke, por lo visto el entrenador de futbol estaba de baja y eso les causaba mucha ansiedad debido al gran partido que les esperaba.
Cuando llegó Shikamaru llevaba una bolsa con un paquete. Se acercó a la mesa de Akane y colocó la bolsa encima.
De parte de mi madre, gracias por cuidarme, ella esperaba dártelo en persona pero…
¡Shikamaru! ¿Ya estás bueno?
Gracias a ti y a tus cuidados. Me dijeron que estabas resfriada, espero que me disculpes por haberte contagiado.
¡Pero si no ha sido nada! ¿Ahora qué te pasa? ¿Por qué estás tan formal?
También espero que me disculpes si hice o dije algo que te molestase.
¿De veras estás bien? —Akane se levantó y le tocó la frente—. ¿No tendrás aún fiebre?
Shikamaru agarró la mano de Akane. Lentamente la apartó de su frente pero no la soltó.
Que sepas que…
Shikamaru iba a decirle que podía contar con él, que intentaría ayudarla a solucionar su problema, pero un abrazo inesperado por la espalda desvió su atención.
¡Me alegro de volver a verte, Shika! —dijo Ino.
Suelta a Shikamaru ahora mismo ¿Quién te has creído que eres? —gruñó Temari—. Y tú espabila y no te dejes abrazar por cualquiera, llorica.
Pues creo que soy algo más para Shika que tú, bonita.
Perdona, guapa, pero no es de tu propiedad. ¡Suéltale! ¿No ves que le agobias?
Akane prefirió dejar de ser espectadora que aquella escena y se acercó a la mesa de Sasuke donde Kiba y Naruto seguían calentándole la cabeza con el tema de su entrenador.
Vale ya —decía Sasuke—, No os agobiéis tanto, pesados.
¿No lo entiendes? ¡Necesitamos un entrenador! gritaba Naruto—, alguien que nos ayude.
Alguien que nos de una buena estrategia para ganar —añadía Kiba.
Al ver acercarse a Akane, Sasuke notó que comenzaba a acelerarse ¿Qué era aquella reacción? ¿Qué le pasaba? ¿Cuándo se había él comportado así? ¿Dónde estaba el Sasuke frío de siempre?
Si es por la estrategia —dijo Akane—, ahí delante tenéis al mejor.
Nara —murmuró Sasuke mirándole.
¡Claro! —gritó de nuevo Naruto—. ¡Él es bueno para esas cosas!
¡Es verdad! —Kiba parecía lleno de alegría—. ¡Podría ayudarnos!
Todavía nadie le ha ganado en ningún juego de estrategia y además sabe llevar la teoría a la práctica —continuó Akane mientras Sasuke había dirigido toda su atención en los labios de la chica y su movimiento al hablar—. ¿No crees que podría ayudaros? Dicen que puede plantear un montón de movimientos posibles y su contraataque antes de que el contrario mueva.
Sasuke guardó silencio mientras Naruto y Kiba continuaban con su alboroto. Akane guiñó un ojo y volvió a su sitio, era lo que quería decirle a Sasuke porque ya estaba un poco harta de los gritos de desesperación de esos dos.
Tenten había ido a los aseos. Nada más entrar se encontró con Ino mirándose de perfil en el espejo.
Hola, Ino.
Hola… ¿crees que estoy más gorda?
Lo que creo es que cada vez se te notan más las costillas.
No, de veras ¿no tengo tripa?
¡Qué vas a tener! De veras, no se como puedes decir esas cosas.
Es que quiero estar perfecta.
Estar demasiado delgada no te va a hacer perfecta.
Ino emitió una risilla que a Tenten le sonó como de burla.
Todas queremos estar perfectas, no me vengas ahora con tonterías. La mujer que dice que no le importa su físico o miente o es tonta.
Una de las puertas de los servicios se abrió.
O tiene confianza en si misma y se quiere como es —dijo Temari saliendo y acercándose para lavarse las manos. Tenía mala cara, ojerosa y visiblemente se notaba que había estado llorando.
¡No seáis ridículas! Siempre hay que estar perfectas para el chico que nos gusta y dispuestas a conquistarle.
¿Vas a la caza de alguno? —preguntó irónica Temari.
Quizás… Bueno, ahí os dejo, chao, moninas.
Que chica mas tonta —murmuró Temari cuando se cerró la puerta tras Ino—, te juro que a veces no la comprendo.
Le da mucha importancia a estar perfecta pero dice esas cosas sin malicia.
¿Tu crees? —Sonrió.
¿Te encuentras bien? Tienes mala cara.
No me encuentro muy bien, la verdad.
¿Te acompaño a la enfermería?
No, no, no es eso, déjalo.
Venga, te acompaño.
Que no, que no me pasa nada… ese es el problema.
Pero de veras tienes mala cara.
Es que —Las lágrimas comenzaron a escaparse de los verdes ojos de Temari—… es que tengo una angustia horrible.
¡Por dios! ¿Quieres contármelo? A lo mejor te ayuda hablar, no es que quiera cotillear ni nada de eso, de veras.
Es que…
¿Qué te ha pasado? ¿Te ha pasado algo?
Es lo que no me ha pasado… es que —Temari tenía que hablar, ya no podía más con ese secreto que la oprimía el pecho hasta ahogarla—… ¿te acuerdas que te dije que tenía un retraso?
¡Ah! Si, me acuerdo.
Pues sigue sin venirme la regla.
Pero no pasa nada ¿no?
Temari la miró con cara angustiada, a ver si ahora iba a tener que explicarle a Tenten que en ciertos momentos los retrasos pueden ser preocupantes.
No. Yo soy como un reloj para eso.
¿No estarás diciéndome que…? —Tenten se cayó a si misma tapándose la boca con una mano y miró alrededor como asegurándose de que no había nadie—. ¿Crees que puedes estar…?
No lo sé, no lo sé, yo juraría que no pero… no lo sé, las cosas fallan a veces.
Se notaba a Temari casi desesperada, Tenten nunca la había visto así, era algo muy impresionante para Tenten porque nunca se la imaginó en ese estado.
¿No me digas que tu…? —Cortó la frase, no sabía de que se extrañaba, Temari era mayor, ya tenia edad más que suficiente y era guapa y sexy y se la veía muy liberal y decidida—. ¿Lo sabe él?
No me atrevo a decírselo, no da mucha vergüenza, no se como se lo tomará, no le hará gracia, seguro… dios ¿por qué me pasa esto? 
Temari no se refería a que no supiese porqué podía estar embarazada, si no mas bien a lo que no iba a decir: que realmente no sabía quien podía ser el padre, que ella tenía una relación con Itachi, pero siempre habían tomado precauciones, sin embargo un día tuvo un desliz con Neji ¿Qué le decía a Itachi? ¿Qué había algún fallo? ¿Y qué le decía a Neji?
¿Pero estás segura?
No, pero tengo mucho miedo ¿Qué va a ser de mí?
A lo mejor son los nervios, ya sabes que nos nervios pueden hacer que se te retrase y si se retrasa te pones nerviosa y se retrasa aún más. Tranquilízate, seguro que son los nervios.
¿Tu crees?
Claro, a mi hermana le pasa mucho. No sabes la que pruebas de embarazo que se ha hecho y luego nada, solo eran nervios.
Temari respiró hondo. Si, podía ser que se hubiese puesto algo histérica, quizás solo es el miedo a que pasase.
Tienes razón, tengo que estar tranquila, si casi estoy segura de que no puede ser, no sé por qué me pongo así.
Lo que yo te digo, son nervios. Anda, lávate esa cara y volvamos a clase.
Tenten pasó la hora de clase algo intranquila, estaba deseando acercarse a cierta persona y decirle algo, así que, en cuanto el profesor abandonó la clase fue muy decidida hasta Shikamaru, le miró y sin decir una palabra, apretando la mandíbula, lo agarró del cuello de la camisa y tiró obligándole a levantarse.
Ven conmigo, Casanova —dijo tirando de él hacia la puerta.
Shikamaru estaba atónito y confuso pero no quería que le lastimara y el tirón de cuello era muy molesto, así que la siguió sin oponer resistencia.
Todos se quedaron algo extrañados viendo aquella escena.
No pasa nada —dijo Jisei—. Querrá decirle algo importante, es que Tenten es así de impulsiva pero vamos, su aura es normal.
Mentía, el aura de Tenten no era nada normal pero no iba a alarmar a sus amigos, lo que Tenten quisiera decirle a Shikamaru parecía personal.
Nada más salir del aula, Tenten arrinconó a Shikamaru contra la pared sin soltar el cuello de su camisa.
¿Te pasa algo, Tenten?
¿Has dejado embarazada a Temari? —dijo en voz baja para que no la escucharan los que andaban el pasillo y que los miraban curiosos, pero a la vez con dureza—. ¿Eh?
Shikamaru abrió los ojos desmesuradamente.
Mendokusei... ¿pero qué dices?
¡Di!
¿Temari está embarazada? —habló también en voz baja.
¿Has sido tú?
Es improbable.
¿Cómo de improbable?
100% improbable.
¿Por qué estás tan seguro?
¿Te lo ha dicho ella?
Dímelo tú.
Temari y yo nunca hemos hecho nada.
¡No me mientas!
Creo que hay que hacer alguna cosa para embarazar a una chica, vamos, la práctica no la conozco pero algo de teoría me han explicado.
¿No tendrás lagunas mentales?
La única laguna que tengo es de hace un año y mis espermatozoides serán vagos como yo pero no creo que tengan tanta capacidad de supervivencia.
Tenten se le quedó mirando, ante la frase que el chico había dicho y su expresión de seriedad no pudo evitar echarse a reír.
¿Estás seguro?
¿Es que no hay otro tío más que yo? ¿Tengo pinta de semental o algo así? ¡Menudo rollo!
Tienes razón —Separó la mano del cuello de la camisa—. Lo siento.
Te agradezco que tengas tanta fe en mi atractivo sexual pero te juro que no he jugado partidos en ese campo.
Ya, es que como salisteis y tenéis tanta confianza pues…
¿Temari está embarazada? —repitió muy serio.
No lo sabe, tiene un retraso. Oye, me he dejado llevar por un impulso, por favor no le digas nada a ella.
Las mujeres sois muy problemáticas. No, no le diré nada, tranquila.
No fue hasta el siguiente cambio de clase que Sasuke no pareció reaccionar a lo que había dicho Akane. Por fin se levantó, fue hasta Neji y habló algo con él. Este se dirigió a un armario que había en el aula, lo abrió y sacó una caja que dio a Sasuke. 
Sasuke tomó algo de dentro de la caja, algo que mantenía en su puño cerrado. Neji cerró la caja y volvió a guardarla. Sasuke se acercó a Shikamaru, se colocó delante de su mesa y de un golpe seco dejó lo que llevaba en el puño frente a él: era una ficha de shogi. Shikamaru le miró y sonrió.
Cuando y donde quieras —dijo.
Aquí, a la hora de la comida —Impuso Sasuke con voz grave y se marchó.
¡Eh, chicos! —Gritó Lee que lo había visto todo—. ¡Duelo de shogi! ¡Shikamaru versus Sasuke!
El alboroto fue tremendo.
Aquello podía parecer una tontería pero no lo era, era un duelo que causaba mucha expectación. Se suponía que Sasuke era el típico chico ganador y bueno en todo lo que hacía, era frío y calculador y nunca se le había visto perder. Por otro lado, Shikamaru era el campeón de shogi de la región, había sido el campeón desde que empezó a jugar y estaba imbatido.
Nunca habían jugado el uno contra el otro, aquello prometía ser emocionante.
Y llegó la hora de la comida. La mayor parte de la clase optó por quedarse a ver el duelo. No así Akane, ella prefería salir fuera.
No se —dijo Sumire—. La verdad es que me da curiosidad ver el juego.
Si no lo entiendes puede ser algo aburrido —opinó Jisei.
Es una tontería —habló Akane—. Ganará Shikamaru.
¿Por qué lo sabes?
¿Has visto la sala de trofeos? Todos los que hay de shogi son suyos.
Pero Sasuke es mucho Sasuke.
Si, Sasuke es bueno pero Shikamaru es… es un asco jugar contra él, no deja ganar a nadie, creo que lo único que no ha ganado es el "miss Konoha"
Tienes mucha fe en Shikamaru ¿verdad? —Se burló Ryuko.
Anda, vamos a comer, seguramente cuando volvamos todavía sigan, veremos el final.
Al salir del aula, Akane vio una cara conocida.
¡Shiho! ¡Eh, Shiho! ¡Cuánto tiempo sin verte!
Una chica con el pelo claro recogido de manera no muy cuidadosa en una coleta baja y ojos escondidos tras unas gruesas gafas de pasta, se acercó a ellas.
¡Akane! ¿Cómo estás? ¿Qué tal estáis todas? —Jisei y Ryuko la saludaron sonriendo—. Hace mucho que no pasas a visitarnos por el club.
Si, me harté de que Shikamaru me diese palizas continuamente ¿Y como te va todo?
Bien, ahí seguimos.
Por cierto, en mi aula se está jugando una partida: Shikamaru contra el Uchiha.
Vaya, eso suena interesante.
¿Por qué no te pasas? Seguro que animas a Shikamaru.
No se, bueno, a lo mejor paso un rato ¿Crees que molestaré?
Nerviosa, Shiho se retocaba el pelo.
¿Cómo vas a molestar? Seguro que se siente apoyado, piensa que el Uchiha tendrá un montón de admiradoras animándole.
¿Tú no vas a ir a animarle?
Nosotras vamos a comer —habló Jisei—. Akane tiene una fe increíble en Shikamaru.
Es porque se que va a ganar y tengo mucho hambre ¿Vienes a comer con nosotras, Shiho?
Muchas gracias pero tengo algo que hacer. Si acaso luego nos vemos.
Tras ver a la chica irse, Sumire se acercó a Ryuko.
¿Quién es?
Es Shiho, pertenece al club de shogi, es bastante buena, todo un cerebrito.
Akane, has sido muy desconsiderada al no presentarle a Sumire —Parecía regañarla Jisei.
¡Es verdad! No me he dado cuenta. Lo siento, Sumire, no se ni donde tengo la cabeza últimamente.
Bueno, Shiho seguro que ni se ha dado cuenta con lo nerviosa que la has puesto —Volvió a regañarla Jisei.
Pero yo no quería ponerla nerviosa, solo quería alegrarle el día.
Si ya, pero ya sabes como se pone solo de pensar que va a estar cerca de él.
Me he perdido —Interrumpió Sumire—. ¿Qué pasa?
Shiho está coladita por Shikamaru pero los nervios la pueden —explicó Ryuko.
Es muy buena chica —Añadió Akane—. A mi me cae genial. Demasiado buena para ese.
Vaya con Shikamaru, pues si que tiene éxito.
Empezando por ti ¿No les has contando lo que le pediste el otro día en su casa?
¡Anda! Pues se me olvidó.
Pues cuenta, cuenta.
¿Qué hiciste? —interrogó Jisei—. A parte de violar su intimidad, claro.
Bueno, pues… os lo cuento comiendo.
Después de comer decidieron volver a ver como seguía la partida.
Id yendo vosotras —dijo Jisei—. Yo tengo una cosa que hacer en mi club.
¿En que club estas tu? —preguntó Sumire.
¿En cual va a estar? —intervino Akane—. En el de parapsicología y fenómenos extraños.
Di que no, que estoy en el de Literatura. Ahora os veo.
Jisei cogió un camino distinto. Iba algo nerviosa, no era verdad que tuviera algo que hacer en el club, su objetivo era otro, estaba decidida a hablar con cierta persona y eso implicaba acercarse a la zona que los alumnos de 2-1 frecuentaban.
Vio a Kimimaro Kaguya sentado en un banco junto con Juugo, no parecía haber nadie de su clase cerca. Se acercó a ellos.
Hola, Kaguya —dijo tratando de controlar sus nervios y mirando de reojo a Juugo.
¿Qué haces aquí? —habló Juugo. De todos era sabido que Juugo por lo general era un chico callado y tímido pero a veces, sobre todo si se le molestaba, podía llegar a ser muy violento.
Perdona, yo solo quiero hablar un momento con Kaguya.
¿No recuerdas que no tienes que acercarte a nosotros?
Déjalo, Juugo, todo está bien, no nos va a meter en problemas, Kudo no es así. Además yo también quiero hablar con ella.
Tú sabrás lo que haces. Yo me voy ya, nos vemos en clase.
Vale, Juugo, no te preocupes.
Juugo dirigió una última mirada a Jisei y se marchó.
Siéntate, Jisei, por favor.
¿Qué tal estás?
No estoy mal ¿y tú?
Quería pedirte un favor.
Me alegra que aún recuerdes que fuimos amigos ¿En qué puedo ayudarte?
¿Te acuerdas de mi amiga Kumoyuki?
La del periódico.
Si, esa.
No me olvido de ella, fue la única persona capaz de sacar de sus casillas a Kabuto ¿qué le pasa?
Es que está recibiendo notas algo molestas.
¿Molestas de qué tipo?
Estoy empezando a preocuparme, creo que alguien quiere hacer daño a Hinata Hyuuga.
¿No era Kumoyuki quien recibe las notas?
Pero mandan las notas al periódico, para ella, aunque las amenazas son para Hinata. Por eso quería que si pudieras averiguaras si es alguien de tu clase quien le manda las cartas.
¿No sabéis quien las manda?
No, son anónimas pero es que también Le han enviado una foto de Hinata.
¿Crees que pueda ser alguien de mi clase?
No lo se, puede que no, no lo se, ayúdame, Kaguya.
Llámame, Kimimaro, como hacías antes.
Kimimaro ¿me harías ese favor?
Pues claro —Kimimaro agarró un mechón de pelo de Jisei y jugueteó con él—. A veces hecho de menos nuestras charlas ¿No podríamos vernos algún día?
Jisei bajó la mirada, era una situación muy comprometida. Kimimaro puso su mano en la barbilla de la chica y levantó su cara.
Mírame a los ojos, por favor, aunque me digas que no, mírame a los ojos, solo tú y Juugo sois capaces de mirarme sin asco.
Kimimaro siempre había sido un niño débil y enfermizo, faltaba a clases muy a menudo, siempre por causa de alguna enfermedad, apenas podía hacer educación física y los niños, crueles como son, no parecían muy contentos de tener a alguien así por amigo, incluso llegó a correrse la voz de que tenía una enfermedad contagiosa y poco a poco se apartaron de su lado.
A Kimimaro eso le daba igual, no lo entendía pero lo deba igual, él no necesitaba amigos, no necesitaba a nadie, hasta que conoció a Juugo, otro chico al que los niños discriminaban debido a su extraño carácter violento, otro chico solitario y después a Jisei, la chica más extraña de cuantas conocía, la niña que aseguraba tener sueños que se hacían realidad, la niña que lanzaba maldiciones que curiosamente parecían funcionar… la bruja.
Pero Jisei vio en Kimimaro lo que nadie supo ver: a un amigo, una persona dulce y muy culta, gran conversadora cuando se le daba la oportunidad, lástima que fueran a colegios distintos y que sus amigas no llegarán a conocerle como ella.
Jisei sabía como era Kimimaro, veía su aura triste y dolida, fingía indiferencia ante todo pero no era así, y ella sentía una pena enorme al verle y no pudo evitar acercarse a él e intentar comprender a aquel chico tan extraño de aura triste. 
Eran amigos, solo amigos, Jisei no sentía otra cosa por él que simpatía, para ella era una amigo más, quiso presentarle a sus otros amigos pero él no quiso, no quería relacionarse con nadie, no necesitaba la compasión de nadie, eso fue lo que se decía a sí mismo, que la gente solo se acercaba a él por compasión y quizás fuera verdad y Jisei también lo hacía, aunque eso ya daba igual, ahora su amistad había quedado en el pasado.
Supongo —Jisei sabia que al decir aquello estaba transgrediendo muchas reglas no escritas—… supongo que no pasará nada si algún día nos encontramos por casualidad, por ejemplo en una cafetería y charlamos como los amigos que hemos sido.
Te mantendré informada de lo que averigüe y no te preocupes, nadie hará nada a Hyuuga.
Jisei le regaló una dulce sonrisa.
Gracias, Kimimaro.
De vuelta al aula, Jisei encontró apoyado en una pared cerca de las escaleras a Gaara, éste, al verla, se acercó a ella, parecía estar esperándola.
Hola, Gaara ¿Por qué me da que quieres decirme algo?
Quería verte. Te he visto acercarte a Kimimaro.
Pues si, tenía que pedirle un favor, es algo importante.
Sabes que no tienes que acercarte a ellos.
Ya lo se pero era urgente, de verdad y él no es mala persona.
¿Estás segura de lo que dices?
Al menos conmigo nunca lo ha sido.
No me fío de él ¿recuerdas lo que pasó el año pasado?
Pero eso fue porque Kabuto le manipuló como quiso.
Da igual por lo que fuera.
Gaara, por favor, confía en mi, tenía que hacerlo, por favor, guárdame el secreto.
Me da igual lo que hicieras, pero la próxima vez avísame, te acompañaré. No lo hago por tí, lo hago por toda la clase.
Jisei miró a Gaara, este ni siquiera la miraba a ella. Así era Gaara, un cascarón frío aunque por dentro mucho más cálido de lo que parecía.
Sasuke había apoyado los codos en la mesa y entrelazado los dedos por delante de su boca. Observaba a Shikamaru que, después de hacer su movimiento, volvía a recostarse en su asiento cruzando los brazos. Vale, reconocía que ese chico tranquilo que nunca se motivaba por nada era muy bueno y se lo estaba haciendo pasar mal a él, a Sasuke Uchiha, puede que fuera la primera persona que le daba tanto trabajo para vencerle.
Durante la partida hubo momentos en los que Sasuke lo daba todo por perdido, claro, por algo era que solían llamar a Shikamaru “genio”, pero un par de movimientos atrás Sasuke había conseguido recuperar la esperanza de ganar aquella partida, cuando ya veía su fin se dio cuenta de que la gran de defensa de Shikamaru tenia un punto débil ¿cómo se le habría pasado? Quizás estaba demasiado concentrado en el ataque y descuidó la defensa, bien, por ahí atacaría esperando que no se diera cuenta de su estrategia.
Por lo que se veía la estrategia había funcionado, Shikamaru siguió moviendo sin percatarse de la amenaza de Sasuke.
Sasuke movió. Solo un par de movimientos más y Shikamaru estaría vencido, no era tan bueno después de todo. Shikamaru se incorporó hacia el tablero, cogió una pieza y miró sonriendo a Sasuke.
Ha sido un placer jugar contigo, Sasuke Uchiha —dijo con voz calmada y dio con la pieza al rey de Sasuke, apartándolo–. Tu rey ha caído.
Sasuke se quedó helado ¿cómo podía ser? Había perdido de la forma más tonta posible, había sido él mismo, el que concentrándose en aquel punto débil del Nara había abierto un gran boquete en su defensa, había sido él quien había caído de lleno en la trampa de ese chico, es más, si lo analizaba todo se daba cuenta de que Shikamaru podía haberle ganado por lo menos un par de veces antes pero lo evitó, alargó la partida ¿por qué? Seguramente por el placer de jugar. No se lo podía creer. Se levantó y extendió su mano hacia él.
Ha sido una partida increíble. Enhorabuena, espero que se repita.
Shikamaru estrechó su mano.
Gracias, es verdad que ha sido buena.
Los espectadores de la partida reaccionaron de distintas formas, los había que lanzaron un "¡oh!" desilusionado y quienes vitorearon de alegría y luego estaban los que dijeron: "lo de siempre", como Akane.
¿No te lo dije? —dijo a Sumire.
Vaya, pues si que tenías razón.
Es un asqueroso, te lo digo yo, no hay quien le tosa, creo que le van a prohibir participar en próximos campeonatos porque si no lo único a lo que aspiran los demás es a ser subcampeones.
Estás orgullosa de él, no lo niegues.
¿Qué dices? Anda y no inventes.
Shikamaru dobló su cuello hacia los lados varias veces. Sasuke seguía mirándole.
Nara ¿Te gustaría ayudarnos en el partido del sábado? Seria un honor para nosotros contar con tu consejo.
Mendokusei, Sasuke, no me seas tan estirado, somos compañeros ¿no?
¿Quieres ayudarnos, por favor, Shikamaru?
Si, por favor, por favor, Shika —Se acercó Kiba.
Sería estupendo, si nos ayudas seguro que ganaremos, dattebayo,
Va, colega, te necesitamos.
¿A mi? ¿No tenéis un entrenador?
Está de baja, por favor, necesitamos una buena estrategia —Insistió muy trágico Naruto.
Ayúdanos a preparar el partido —Suplicó Kiba.
Venga, no nos dejes tirados, ttebayo.
Mira que sois problemáticos... Necesitaría ver como jugáis, como sois como equipo.
Esta tarde tenemos entrenamiento —habló Sasuke—, ven y nos ves. Por favor, sabes que no me gusta pedir favores pero es que es la final.
Y también necesito ver como juega el otro equipo.
Tengo todos los partidos grabados —Añadió Sasuke—. Te los puedo pasar ¿Eso te serviría?
Shikamaru suspiró y miró los ojos suplicantes de Naruto y Kiba, lo haría por ellos, eran sus amigos.
Está bien.
Naruto y Kiba se chocaron las manos.
Pero Sasuke tiene que ver los partidos conmigo y explicarme algunas cosas, yo no entiendo demasiado de futbol.
El partido es el sábado, hoy es miércoles ¿Crees que te dará tiempo? —preguntó Sakura.
Creo que si pero ¿estarán de acuerdo los demás?
Soy el capitán, lo han dejado en mis manos.





36. NO TE FÍES DE LAS APARIENCIAS

La salida de las chicas produjo un gran revuelo, desfilaban una detrás de otra, sonriendo y saludando a todo el mundo con sus pompones verde...